Oportunidad Espacial para Chile

El Mercurio, 14 de Junio de 2001.
  • Situación coyuntural, incluyendo la instalación del primer acelerador de partículas en el país, arma una interesante opción.

Por mucho tiempo se pensó que desde las llamadas "estrellas de neutrones", cenizas humeantes de la gran explosión de una supernova, provenían señales de civilizaciones de otras galaxias.
Estos astros muertos, pero poderosos, enviaban a la Tierra radiación electromagnética "modulada".
Se acogió esta feliz idea porque se sabía que sólo el hombre era capaz de modular frecuencia o amplitud de las ondas, como la FM o AM de la radio para entender la transmisión. Fue un error. La naturaleza del universo también lo hace: estas estrellas automodulan sus ondas.
La explicación de este fenómeno fue la tesis de doctorado Víctor Muñoz, premiada como una de las mejores por la Academia Chilena de Ciencias. El alumno y su tutor, el Dr. Luis Gomberoff, pertenecen a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.
Allí está instalado hace más de un año el único acelerador de partículas del país, con el cual se proyecta impulsar la creación del primer Centro de Investigación Espacial en Chile. Es un gran Proyecto Milenio presentado a Mideplan.
El galardonado trabajo del estudiante y muchos otros demuestran que existen en Chile muchos científicos, pero descoordinados y dispersos en varias universidades, que realizan estudios de calidad internacional en esta fascinante área del conocimiento.

Escenario Actual

Nuestro país cuenta hoy con una particular oportunidad para entrar de lleno al desarrollo de las ciencias espaciales y a todas sus tecnologías asociadas.
"Tiene la masa crítica necesaria para lanzarse a esta aventura, la presencia de un acelerador de partículas con toda la potencialidad para hacerlo y un programa aceptado por el Instituto Max Planck de Aeronomía para calibrar en Chile los instrumentales que viajan al espacio", señala Gomberoff.
"Pero en un país como el nuestro las cosas no son tan simples. Más bien lo que ha sucedido hasta ahora es un ejemplo patente del subdesarrollo", agrega muy desanimado. La posibilidad de concretar ese centro continúa en espera. El acelerador de partículas fue donado por EE.UU. a la Facultad de Ciencias.
Su costo asciende a los 1,5 millones de dólares. "Más aún su valor es tres veces más alto si se considera como parte anexa a su infraestructura el control de monitoreo y manipulación del haz de partículas (óptica iónica)", indica el investigador a cargo, Dr. Claudio Tenreiro.
"Se solicitó entonces una contraparte de la U. de Chile, de tan sólo 10 mil dólares anuales para poner en marcha este proyecto de tan gran envergadura e impacto futuro. El resultado fue inaudito: la petición fue negada", declara el Dr. Luis Gomberoff.
En el presente, los seguidores de esta iniciativa abrigan nuevas esperanzas con el Proyecto Milenio. Conforman un equipo científico y técnico de doce personas.
Participan investigadores de las universidades de Chile, de Concepción y de La Serena, como asimismo el director ejecutivo de la Estación Satelital Fasat, Marcelo Schonherr, y un ingeniero espacial que se encuentra ahora en la industria.


El único acelerador de partículas del país se encuentra en la Facultad de Ciencias de la U. de Chile. Un grupo de científicos y técnicos, liderados por el Dr. Luis Gomberoff, persigue su más señero aporte en la investigación espacial y tecnologías asociadas.


Entretando, el acelerador de partículas está sirviendo para seguir líneas interesantes de trabajo en astrofísica nuclear y física aplicada.

Proyecciones Fantásticas

Pero estas investigaciones tendrían un escenario muy distinto con un stock permanentemente renovado de instrumentos espaciales llegando a Chile.
Si el proyecto prospera, el país estaría recibiendo transferencia tecnológica, caminos nuevos para formar ingenieros espaciales (carrera que no existe en Chile) y podría abrir un paraguas común para albergar a todos quienes se dedican a la investigación del espacio.
Alemania, a cambio, contaría con un acelerador de partículas destinado gran parte del tiempo a estos fines, o sea, a la calibración de tanta parafernalia espacial.
Este proceso significa probar los instrumentos en Tierra simulando las condiciones en las cuales operarán en el espacio, como el vacío y las radiaciones de ese ambiente. Todos estos aparatos tienen que medir los efectos deseados sin que los mismos sean perturbados por otros.
Este quehacer también exige el diseño de diversos instrumentos, según qué se busca medir o detectar.
A la vez, la fabricación de estos artefactos tiene que ser liviana y alcanzar pequeñas dimensiones, lo que obliga introducirse en el área de nuevos materiales y de la microelectrónica.
Todo este know-how podría ingresar a Chile, potenciando las investigaciones espaciales con muchas alternativas para que nuestro país desarrolle futuras tecnologías en este campo. La propuesta está hecha.

Por el Viento Solar
Las investigaciones del Dr. Luis Gomberoff, quien lidera el proyecto, han sido citadas 800 veces en publicaciones científicas. El ayudó a resolver un enigma de más de 40 años en la astronomía. Su modelo explicó el extraño comportamiento del llamado viento solar rápido, que procede principalmente de los hoyos de la corona del Sol.
Al igual que el viento solar lento del astro, que se origina en las llamaradas solares, el rápido está compuesto por gas ionizado, o sea, por partículas cargadas eléctricamente. Pero sus partículas violan las leyes de la física: las más pesadas viajan a una velocidad mayor que las más livianas.
Según la teoría del científico, en la cara externa del Sol se generan las denominadas "ondas de Alfvén" (el nombre de su descubridor homenajeado con el Nobel) y son éstas las que calientan y aceleran en mayor medida a las partículas más pesadas. Las observaciones astronómicas actuales corroboran su trabajo.

Lilian Duery A.