El profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, doctor Miguel Lagos, y el ingeniero forestal Enrique Vial, desarrollaron en 1996 un sistema óptico para transformar el Metro de Santiago en un cine rodante. 


INVENTORES Y GIROS SIN TORNILLO:
¡Cuánto Cuesta Atornillarse!

Por Lenka Carvallo G.

Desesperado por las heladas que cada año destruían sus cultivos de uvas y ciruelas, don Florencio Lazo pensó incluso en cambiar de giro. Llevaba varios años perdiendo sus inversiones y también la esperanza de lograr salvar sus plantaciones.

Aficionado a los helicópteros, al hojear una revista especializada se entusiasmó con un modelo a gas que se impulsaba gracias a dos turbinas que expulsaban aire caliente. Fue a Estados Unidos a conocer de cerca esta creación que, a la postre, inspiró un invento que hoy este agricultor ya comercia en Bélgica, en tanto que en EE. UU., si bien partió exportando estas máquinas, hoy ha optado por dar derechos a una compañía en dicho país, que le paga US$ 1.000 por cada turbina que vende en el mercado. Además, ya tiene avanzadas gestiones para introducir su invento en China.

Se trata de una gran turbina que se acopla a un tractor y que recorre los campos surtiendo de dos chorros de aire caliente los cultivos, creando una capa de inversión térmica a nivel de suelo.

Desde su creación, en 1996, de más está decir que este agricultor e integrante de la directiva de Fedefruta, nunca más sufrió el congelamiento de su producción, y sólo en nuestro país ya ha vendido más de 400 de estos aparatos a US$ 6.000 cada uno. Y promete transformarse en un negocio más rentable que el agrícola, y con grandes perspectivas a nivel mundial.

No obstante, y pese a que el invento de don Florencio ha sido aplaudido por medios y expertos internacionales, lo cierto es que en Chile el panorama que enfrentan los inventores está lleno de piezas difíciles de armar. Ello, especialmente debido a la débil protección internacional que ofrecen las patentes de factura local; al escaso estímulo que brinda el sector privado a estas iniciativas; el deficiente apoyo de los gobiernos a los inventores; amén de la poca cultura que los chilenos tienen para patentar sus ideas.

Según datos del Departamento de Propiedad Industrial del Ministerio de Economía - donde los inventores inscriben sus creaciones- , sólo el 7% de las solicitudes presentadas anualmente corresponden a inventos nacionales. El resto, lo conforman empresas y particulares extranjeros, principalmente norteamericanas.

Es que hoy las patentes a nuevas invenciones se han transformado en un negocio contante y sonante, donde ningún área industrial está exenta. Sin ir más lejos, Estados Unidos totaliza alrededor de US$ 40 billones anuales sólo por pagos de royalties.

Incluso, en dicho país existen firmas que asesoran a los inventores en la promoción y venta de la idea, incluido el difícil proceso de negociación; además de ayudarlo a sacar licencia en los distintos países donde se pretende vender el producto o sus derechos. Así, lo que puede partir como una locura, puede terminar transformándose en varios millones de dólares.

Invento chileno, valorado en más de US$ 500 millones, fue copiado en EE.UU.

Creativo, busquilla, el chileno sin duda es práctico por naturaleza. Hay consenso en que este país alberga a más de un inventor nato.

El profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, doctor Miguel Lagos, y el ingeniero forestal Enrique Vial, desarrollaron en 1996 un sistema óptico para transformar el Metro de Santiago en un cine rodante. Se trataba de un complejo mecanismo en el cual, mediante una combinación de lentes especiales, e impresiones gráficas, dan como resultado una imagen que sigue el movimiento del observador.

La tecnología, según sus creadores, ofrecía un potencial de nada menos que US$ 500 millones, por lo que incluso consiguieron aportes de la Corfo, a través del Fondo de Desarrollo Tecnológico (Fontec) y contaron con el respaldo del Metro de Santiago para realizar su primer viaje experimental, en 1996.

Pese a que tenían en manos un negocio millonario, los creadores no llegaron a acuerdo con las anteriores autoridades del Metro, por lo que el proyecto descansó durante tres años.

Entretanto, dos jóvenes expertos norteamericanos, de la mano de Coca-Cola - con la que firmaron un contrato de US$ 1,5 millones- , y el metro de Atlanta, anunciaron hace pocos días que sus convoyes se transformarán en salas de cine. Medios como Wall Street Journal, Le Monde y Newsweek cubrieron la noticia. En tanto que en Chile, sorprendidos, Lagos y Vial señalaron a El Mercurio que se trata de una tecnología idéntica a la desarrollada por ellos, la que de hecho patentaron en Estados Unidos en 1999, por lo cual la ley norteamericana estaría de su favor.

Si bien los creadores de esta tecnología no quieren hablar de plagio, lo cierto es que están molestos debido al escaso respaldo que su creación alcanzó en el mercado nacional. Hoy, la empresa cuenta con el auspicio de 3M, que pondrá el capital y la tecnología asociada.

"Uno de los principales escollos por lo que debe atravesar un inventor para encontrar un comprador a su idea es la falta de interés de las empresas chilenas en la innovación. La mayoría de las empresas locales se conforma con su negocio tal cual como está y, aunque tenga un proyecto a todas luces millonario sobre su escritorio, frente al cual no habrá competencia, porque se trata de una idea original y patentada, no se motivan a emprender el desafío", critica el profesor Miguel Lagos.

Por eso, aduce que aún más que crear un invento, la prueba de fuego está en promocionar y transar esta idea en el mercado. Sostiene que en Chile la tarea se torna tan compleja, que muchas veces pensó en tirar todo por la borda.

Piratería: el principal riesgo de los inventores

Aldo Cantele hace algún tiempo desarrolló una bolsa lava perros, que consiste en introducir al animal dentro de un envoltorio plástico, y bañarlo mediante una suerte de guantes quirúrgicos, adosados de forma hermética a la bolsa. Esto permite asear a la mascota hasta el living de un departamento, sin derramar una sola gota.

Este inventor también ha desarrollado el prototipo de un esquí motorizado, por el cual mantiene conversaciones con empresas del rubro en Estados Unidos y Europa, con los cuales espera obtener unos US$ 700 mil en la venta de estos derechos.

Cantele critica la falta de un apoyo mancomunado por parte de gobierno y privados, que pueda brindar a los inventores herramientas,infraestructura y recursos que estimulen el genio creativo de las personas y, de paso, posicionar al país en la vanguardia de la innovación tecnológica.

"Existe poca conciencia de que en Chile se pueden hacer cosas creativas. Esto se traduce en menos oportunidades y problemas de financiamiento. Los inventores tampoco contamos con infreaestructura para poder mostrar nuestras ideas y trabajos sin correr el riesgo de que nos copien", sostiene. Por eso, y con la ayuda de la Corfo, este ingeniero mecánico se encuentra trabajando en la creación de un laboratorio donde, tanto inventores, como pymes, puedan desarrollar sus proyectos a costos menores. También ha desarrollado una página web - Prototipo.cl- para que los inventores nacionales, además de poder exhibir allí sus creaciones, se informen de materias diversas sobre cómo sacar una patente y la tramitación de créditos.

El ingeniero civil industrial, José Antonio Alliende, quien desde marzo pasado comercializa en las cadenas de supermercados D&S un charqui de calidad premium - en barritas- , sostiene que los inventores son un pilar de la economía chilena, especialmente por medio de las pequeñas y medianas empresas. Ello porque, además, pueden llevar al país a exportar algo más que materia prima.

El pequeño empresario echa en falta también una mayor protección a las invenciones porque, según manifiesta, independiente de los derechos, en elpaís existe piratería, ante lo cual empresas de su categoría no cuentan con armas - y presupuesto- para combatirla.

Alliende ha invertido en la creación de su fábrica sobre los $30 millones, de los cuales alrededor de $15 millones correspondieron a un crédito Corfo, que le permitió llevar su idea a la realidad. Hoy, su empresa da empleo a 5 personas, y genera ingresos mensuales entre $8 y $10 millones. Y eso que hoy su fábrica trabaja a una capacidad menor. Además, tiene planes de exportar el producto a otros mercados.

US$ 4.000 vale una patente en EE.UU.

Una de las principales críticas que realizan los inventores al Gobierno es la nula protección internacional que brindan las patentes de factura legal. Hasta el momento, Chile no ha suscrito acuerdos internacionales que permitan que las licencias originadas en nuestro país sean defendidas en el exterior.Y, sin ir más lejos, quienes han debido patentar sus creaciones en EE. UU. han debido desembolsar entre US$ 4.000 y US$ 6.000.

En nuestro país, el valor de una patente asciende a los $400.000, de los cuales $270.000 se destinan al experto que evalúa el invento; $80.000 para el pago de los derechos de concesión; en tanto que el resto se utiliza para publicar un aviso en el Diario Oficial.

El alto costo de las patentes, además de la poca cultura en torno al tema, ha influido en que sean pocos quienes optan por inscribir sus inventos. Sin embargo, de acuerdo con Aldo Cantele, este rubro es de alto riesgo en cuanto a plagios, por lo que es aconsejable invertir en una buena patente, lo que además permite vender los derechos a otras empresas, que también es un excelente negocio.

Según Jorge Fuentes, jefe de la oficina de información tecnológica del departamento de patentes del ministerio de Hacienda, en nuestro país no existe la costumbre de inscribir inventos; "como no es muy considerado, tampoco es visto como un motor del desarrollo tecnológico del país. Ello, porque gracias a la patente, es posible transformar una idea en un activo comercializable", asegura.

Actualmente esta entidad tramita entre 13 mil y 14 mil solicitudes. En tanto que en 2000 se presentaron 3.600 y se espera que este año la cifra ascienda a 4.000. El promedio de demora en la otorgación de una patente alcanza los 4 años, aunque hay casos en que puede demorar menos, y su vigencia se extiende por 15 años, sin derecho a renovación. Luego de ello la invención pasa a ser de dominio público.

Sin embargo, según Florencio Lazo, muchas de estas patentes corresponden a inventos de escasa utilidad industrial, ideados por los llamados "giros sin tornillo". Ello, a diferencia de países desarrollados donde un alto porcentaje de estas creaciones obedece a necesidades del mercado y, por tanto, cuentan con un gran potencial comercial.

Similar es la opinión de José Antonio Alliende, quien sostiene que el deber de los inventores es buscar nuevos valores dentro del mercado, y no derribar o reinventar lo que ya existe. "Esa es la única manera de transformar una idea en un buen negocio", asegura.

En cuanto al financiamiento que entrega el Estado a las nuevas ideas, existe sólo un camino: la Corfo a través del Fontec, para proyectos de innovación tecnológica.

En el caso de José Antonio Alliende, a través del Fontec éste recibió cerca de $15 millones para su fábrica de charqui; el profesor Miguel Lagos obtuvo $23 millones para el cine rodante; en tanto que Aldo Cantele logró $4 millones para el esquí motorizado.

En el caso de corporaciones internacionales, el Banco Interamericano, el Banco Mundial y la Fundación Ford también otorgan financiamiento. En tanto que la Universidad de Santiago ofrece un programa de apoyo a la pequeña y mediana empresa, en el cual los inventores pueden obtener información sobre las distintas fórmulas de financiamiento.

Eso no es todo: a principios del próximo año se efectuará en Santiago la IV Feria de Inventos para el Desarrollo, en la cual concursarán creaciones de chilenos y extranjeros. Se trata de un encuentro patrocinado por la Intendencia de Santiago, a través del Comité de Desarrollo Productivo; la Confederación de la Producción y del Comercio, la Cámara Nacional de Comercio, el Consejo Nacional de Rectores y el Ministerio de Economía, a través del Departamento de Propiedad Industrial.

La idea es potenciar el crecimiento económico del país y el progreso social mediante la estimulación de la creatividad y la aplicación del talento nacional en el desarrollo de nuestra economía. Ello, además de aunar los esfuerzos del Gobierno y del sector privado en el desarrollo de actividades que impulsen la creatividad nacional. Como también lograr fortalecer la práctica y el respeto de la propiedad intelectual.

Los inventores ni siquiera cuentan con una asociación

No obstante, y pese a esos refuerzos, en Chile no existe una instancia que, de forma permanente, reúna al sector público, académico y privado para que los interesados puedan asesorarse en cuanto a financiamiento, licencias y promoción. De hecho, los inventores ni siquiera cuentan con una asociación que los represente.

Por eso, la mayoría de los inventores echan en falta una política mancomunada entre y gobierno y sector privado de apoyo a estos genios desconocidos.

"Debiéramos formar una fundación que se dedique a promover el respeto por la propiedad intelectual, a incentivar a las personas a patentar sus creaciones, y también a asesorar a quienes tengan proyectos e ideas innovadoras y que sean comercialmente interesantes, y no sólo a dedicarse a patentar por patentar", señala Florencio Lazo.

En la India, por ejemplo, se ha desarrollado el "Honey Bee Network", una organización que envía voluntarios a sectores rurales a descubrir inventos ingeniosos que podrían ser patentados. Ya suman 10.000 innovaciones en su base de datos.

En tanto que países como Estados Unidos el 99% de los solicitantes de patentes de invención corresponden a países desarrollados, y sólo el 1% al subdesarrollado. En la Unión Europea, la proporción es de 97% y 3%, respectivamente. En Chile, en cambio, entre el 90% y 95% de las solicitudes corresponden a países desarrollados, principalmente Estados Unidos.

Las estadísticas lo confirman: la riqueza de las naciones se debe, principalmente, a la innovación. Y ahí, el cultivo y la defensa de la creatividad y la propiedad intelectual tienen un valor estratégico. Un estandarte que deberán asumir el Gobierno y los privados.